Señorita


¡Señorita, Señorita! ¿Cómo dijo que se llamaba? Espérese que ese no es el camino correcto. Aún es temprano no entiendo porque va tan apurada. Espere y le abro la puerta; le digo mi nombre y le cuento la historia del pastel hilado con miel. Siga al frente que voy detrás con mi paragua por si llueve. Jamás me perdonaría que llegase desgreñada a su cita.
¡Señorita, Señorita! No corra por este suelo fangoso, se me puede tropezar, herir, lastimar o peor aún ¡Manchar su vestido! Imagínese sucia en su cita, que desagradable sería ¿verdad? Usted como esta es perfecta. Fresca, fragante, bella. Si fuera de noche le regalaría una estrella para que combinen con sus pendientes; pero es de tarde, esta oscuro el cielo así que no puedo regalar ni el sol. Tenga este papel. Contiene un número de teléfono. Si está perdida o frustrada,  llama y le ayudarán como lo hice la semana pasada.
 ¡Señorita, Señorita! ¡Mire! Allí es donde vamos, perdón, donde usted va. Déjeme verla una vez más, sigue igual de hermosa como cuando salió de casa. Al verla así, destellando luz con su sonrisa recuerdo la noche junto al rio y el mar en las playas de Crucita, o en el estrecho de Gribaltar. Hasta aquí llego,  no puedo entrar porque estoy mal arreglado, míreme, soy como un niño: inocente. Creo más de lo que debo, por eso le he traído, usted en vestido y yo en lona y chancleta. Este lugar es de alta realeza. Entre que se le hace tarde, no se preocupe del tiempo, yo seguiré aquí…
¡Señorita, Señorita! No sé cuántas horas han sido, no sé si más de una luna pero jamás me aburrí de su ausencia. Esperé pacientemente en la vereda de enfrente, viendo la gente pasar, las luces de los autos, el tricolor de los semáforos. Todo encajaba en tu ausencia, solo un cigarrillo para matar la pena del tiempo. Fue grato un segundo y trágico una eternidad. Cada día que pasa sin prisa también es un día que se va. Yo pregunto si usted se irá para llamar un taxi o acompañarle de nuevo.
¡Señorita, Señorita! Me olvide muchas veces pero espero no olvidarme esta vez. Hoy te lo diré porque me acuerdo de cada segundo y hasta las horas de sueño. Señorita, lo que deseo decirle es tan profundo que en mis palabras, en mi vocabulario de la vida no te lo puedo contar precisamente. Decirlo es ininteligible, se pierde el sentido. ¿Qué haré si me vuelvo olvidar? Volvería a empezar. ¡Que sencillo! Si, nunca lo había tenido tan claro, claro como el momento que entraste, recordé el día que conté los cien carmines y un girasol, ese día empezó en tormenta y terminó contigo; en cambio hoy ¡Buh! ¡Que torpe final tendré sin tus pies!
¡Señorita, Señorita! No se olvide de esto, lo ha dejado caer, su acompañante se lo dio antes de irse con Mercedes, no lo deje olvidado que si él se lo dio debe ser valiosísimo. Mejor me lo guardo yo y se lo doy después. Yo nunca tuve algo que valiera un gramo de oro, siempre de cobre mis pantalones y camisetas de remiendos. Yo no lo necesito, quédeselo, consérvelo y déjelo olvidado en su amplio stock de cosas que ocupan espacio y nunca usa. No lo necesito, usted tampoco ¿Qué hacemos? Mejor me lo quedo para el bus, solo si se entristece se lo daré porque lo que quiero de ti es belleza y no ojos húmedos.
¡Señorita, Señorita! Es tarde para andar a solas. Lo bueno es que no es peligroso, por aquí nadie roba, todos los de aquí viajan con cinco aros o en caballo, pero aun así no ande sola. Toda la vida fui solo y hoy míreme detrás de usted. Yo sigo cuando camina pero no soy guardián para estar protegiéndote. Solo hablo como el monje habla al viento. Esos días de insomnio viven lejos de mi mente. Soy fantasma que caza de la vida lo que alcance, dame la red de tus sueños y te cazo la letanía de mis cuentos.
¡Señorita, Señorita! Has llegado a casa a salvo, hasta aquí es mi ida. Ya me voy. Será hasta la próxima cuando suspire con tu silencio y viva de tu armonía; hasta limpiar ese cosmético que se hace río. Yo no soy de aquí por eso me debo ir. No se preocupe nunca por mí, siempre viva para usted, nunca para mí. Viva en donde quiera, en un pantano o en una montaña cerca del abismo, aléjese de las abejas, de las canas y las mentas pentagonales. De los depredadores buscando carne fresca, de las fieras que acechan detrás de la hierba. Ten cuidado porque te han atacado y lo volverán a hacer una y otra vez.
¡Señorita, Señorita! No se despeine tan apurada, no se saque los pendientes de tal manera, entre que el suelo no es su sofá. No se me desesperé que nada le puede pasar aquí, mientras entré a su casa y cierre todo; luego, vea Tv. Usted se preocupa de tonteras, nunca sabrá lo que es sentir el peligro de morir. Si lo has sentido pero nunca has sabido que así se siente morir. Cada viernes hasta la noche del domingo, cuan cerca has estado de morir.
Cuando le conocí usted no supo que existía, mi piel olía almidón y no colonia penetrante que alguna vez le embobó. Mi traje era de lino tan fino que por partes se confundía con mi piel ¿Sabes por qué te he seguido? Bien sabes que lo he hecho por ayudarte, nunca para pedirte algo. Solo creyendo que mi deber es cuidarte ¡Es triste! Pero es lo mejor en esto que puedo hacer en esto llamado “mi vida”
¡Señorita, Señorita! No se preocupe si parezco mendigo. Yo vivo de lo que necesito, no como usted que vive de lo innecesario ¡me voy! No quiero atrasarme de mi cita, la comida no se consigue en cada esquina, la competencia ha aumentado pero un lugar he encontrado donde puedo comer bien. Entre, vamos, cierre todo ya me voy. Este es un hasta pronto. ¡Cuídese! Si nada me detiene, mañana muy posiblemente volveré.
¡Señorita, Señorita! No he dormido. Estuve en la intemperie del abismo, en cada esquina un hombre sin vino y una mujer con amor y sobres. Pensé en volver después de comer pero donde no soy bienvenido no me quedo. Por eso me fui al hueco y he salido ileso, sigo vivo, no he muerto. Vuelvo por lo prometido, yo lo dije despierto, cuerdo y sentido. Mis latidos creo estaban tejidos por las cosas de aquella noche y olvidar no puedo luego de tanto derroche.
¡Señorita, Señorita! Dichoso fue de mí el mundo que soñamos, mis manos grasosas se limpiaron con aloe y el aceite de mi cuerpo expulsado con flores. Cuan puro y fresco en una noche fui, temeroso un segundo y alegre más de mil. Luego de ver el cielo que  por poca se había perdido, me he vuelto a ilusionar, luego despierto y me doy cuenta que ese sueño que viví solo una vez pudo pasar.
¿Va de paseo? Vaya sin mí que yo me quedó conversando con la gente de aquí. Ya la vienen a ver, no tiene sentido desesperarse, déjeme contemplarle un segundo más, su piel parece brillar, su fragancia es de orquídea, sus gafas se alinean con su piel, usted sí que sabe de vestirse.
¡Señorita, Señorita! ¿Recuerda su cita de anoche? Yo en  el hueco descubrí algo. Me dijeron haberlo visto en la calle 23, en su auto con los faroles apagados mientras entraba en la casa de Luna Dormida. Como estaba dormida esperé hasta hoy para contarle, sé que no debería hacerlo ya que soy yo a quien causo daño con todo esto, por eso si me muero,  acuérdese de la noche que por coincidencia de la vida, en un despecho a la mentira usted me amó.
Ahora vaya de nuevo con ese tipo de lino bordado en algodón, auto que parece nave y reloj que marca la X. ese hombre es un caballero con su ropa, su dinero se la pasa de sabroso y para usted es un buen mozo. No deténgase jamás, disfrute siempre más y más.
¿Ha vuelto? Qué bueno, y esta vez no está sola. Con esa compañía, ya le pueden cuidar. Olvídese de mí para siempre, ya no he de volver. Lindo el día que fui amado, pero hoy, lindo el día que me marché


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